Hace unos días se publicó un artículo escrito por Ana Requena en el diario.es sobre el «heteropesimismo».
Me gustaría hacer unas apreciaciones.
¿Es «heteropesimismo» la formulación correcta para designar esa brecha relacional entre hombres y mujeres hetero?
¿Se debe usar esta formulación en el marco del movimiento feminista?
Y más allá de lo contenido en el artículo, ¿es útil esta formulación para construir frente común contra el antifeminismo y el repunte de la ultraderecha?
En mi opinión, la respuesta sería NO a todas estas preguntas.
En primer lugar, me da la impresión de que la manera en la que se formula el «heteropesimismo» a lo largo de todo el artículo, pone más el acento en la resignación de las mujeres, que en la acertada decisión que supone alejarse de una relación marcada por dinámicas patriarcales, o sea antidemocráticas, como son la brecha de cuidados, la negación de nuestro deseo y sexualidad, la sobrecarga de responsabilidad en la anticoncepción, la falta de reciprocidad en la gestión emocional… Dinámicas que, como sabemos, son la causa de esa brecha creciente entre hombres y mujeres heterosexuales.
Es decir, en lugar de presentar una situación en la que parece que políticamente «se ha tirado la toalla», quizás sería más riguroso contar todas esas experiencias de mujeres heterosexuales que han querido e intentado hacer valer y funcionar sus relaciones, sin que haya un acompañamiento de cambio estructural que lo sostenga y lo permita. Por ejemplo, es complicado exigir un reparto equitativo de tareas en casa si, sistemáticamente, nos pagan menos. Es complicado también exigir responsabilidad anticonceptiva a tu pareja si no se publicita la vasectomía como opción posible, y si no se investiga sobre métodos anticonceptivos que puedan usar los hombres, como resultado de haber asumido una brecha diferencial del malestar.
Creo también que la reflexión del artículo se aleja, en mi humilde opinión, de explicar que este «pesimismo» se suele complementar con una defensa y un interés genuino por reformular las relaciones heterosexuales y el amor romántico en clave feminista, recíproca e igualitaria. Hay mucho trabajo de compañeras que llevan años explicando cómo hacerlo, como Coral Herrera o Chis Oliveira. Estaría bien hablar de ellas.
Además, yo preguntaría: ¿nos cuestionaríamos si, el haber dejado a un jefe o jefa explotadora que no te paga horas extra o que te exige tareas que no corresponden, es una respuesta «pesimista»? ¿O celebraríamos la toma de conciencia y la toma de acción ante una situación que no resulta justa ni equilibrada para la persona en cuestión?
Por otro lado, el Movimiento Feminista surcoreano 4B (mencionado en el artículo como ejemplo de riesgo de deriva conservadora de este «heteropesimismo») surge a raíz de una ofensiva misógina contra las mujeres en la que se las señala públicamente por no conformarse con roles de género profundamente opresivos y discriminatorios (como bien indica el artículo de Ana Requena). La huelga de relaciones y de sexo que las surcorenas han puesto en marcha es parte del activismo feminista movilizado para revolverse contra esa deshumanización.
Creo que apoyar a las surcoreanas, aunque no compartamos al 100% su estrategia y, sobre todo, explicar el contexto en el que se encuentran, es lo fundamental. Es precisamente al explicar ese contexto cuando se resuelve la duda sobre si se alimenta el conservadurismo con este tipo de estrategia. Yo creo que no lo hace: al contrario, es poner en valor a las mujeres más allá de su concepción de siervas y vasijas. Es más, es el movimiento feminista surcoreano el que, precisamente, está empujando la agenda política hacia la izquierda y desafiando el conservadurismo.
Por otro lado, no creo que defender una huelga de sexo alimente el estereotipo de que son «los hombres quienes más intereses tienen en el sexo», como se indica en el artículo. Y esto es crucial, porque para el feminismo es necesario reivindicar que las mujeres también tenemos intereses sexuales y que queremos hablar de placer femenino y de sexualidad sin estigma. Queremos poder llegar el lunes a la oficina y decir: «me he hecho un trío con dos tíos este finde, ha sido grandioso», y que no haya ninguna consecuencia para nosotras. Es posible hacer esta reivindicación y defender la legitimidad feminista de las huelgas de sexo.
Tampoco creo que se deba afirmar que ese «heteropesimismo» no es en sí mismo una propuesta política, como se afirma en el artículo. Me parece que hacer esa afirmación infantiliza a quienes han decidido poner esas huelgas en marcha. En lugar de realizar ese juicio, creo que la mejor opción (teniendo en cuenta que somos movimiento y que estamos para crear propuestas, JUNTAS, EN COLECTIVO) es respetar que hay opciones diversas de propuestas políticas.
En general, hablar del «pesimismo» de las mujeres hetero, de la invalidez política de las huelgas de sexo y de lo poco útil que resulta políticamente expresar el hartazgo de esta o de la otra manera, es malgastar nuestra preciada energía. Y es, también, caer en la retórica de «estamos contra el linchamiento» que surgió tras el caso Errejón, en la que se ponía más énfasis en debatir sobre los términos de la denuncia social que sobre las causas de esos malestares-violencias.
Por último, la ultraderecha va a utilizar cualquier argumento para seguir ahondando en las inseguridades y la fragilidad intrínsecas a la socialización masculina. Poner el acento y problematizar la decisión de las mujeres en lugar de hablar de los determinantes sociales (patriarcales) que subyacen a esa brecha entre hombres y mujeres hetero, solo les va a favorecer. Les dará otra excusa más para azuzar el antifeminismo. O se inventarán un nuevo término, como han hecho con «brecha maternal».
Mejor, llevemos el debate donde hay que llevarlo: a la estructura social, la socialización de género y la democracia que debe reinar en las relaciones de pareja.
Marta Mateos Revuelta
Junio 2025