Así comienza Pablo Elorduy su libro «El Estafo Feroz»
“Se ha producido el desenmascaramiento en las formas de intervención del Estado, revelando las reservas de coerción y fuerza, y dando por amortizadas las máscaras de neutralidad e independencia con las que se cubre en tiempos de calma”
“La reacción ha venido especialmente de instancias que, aunque en sentido estricto no pueden ser calificadas de franquistas, fueron solo parcialmente depuradas tras la muerte de Franco: los cuerpos policiales, la alta magistratura, la cúpula militar y los servicios secretos”
Más de 350 páginas donde describe de forma detallada la naturaleza coercitiva de los poderes del estado, dando innumerables ejemplos que dan cuenta del legado del franquismo y su mutación en un sistema revanchista, de defensa de los poderes de siempre, que persigue cualquier disidencia, en particular después de la crisis del 2008. Todo ello tras el beneplácito que supone seguir alimentando el binomio constitucionalismo y transición democrática.
Así, describe episodios como la amnistía fiscal, la represión durante y después del 1O, las puertas giratorias de telefónica, las muertes en Melilla en el 23J, el caso de Altsasu, el funcionamiento de la policía patriótica… Sin embargo, siendo un libro que pretende exponer las consecuencias de un sistema sustentado por la corrupción, la represión judicial, la violencia policial y la connivencia institucional, así como su origen franquista, llama muchísimo atención la ausencia total de mención sobre:
- Los casos de explotación sexual que salpican a la guardia civil, a la policía y a la propia fiscalía, como en el caso carioca
- La persecución judicial hacia las madres protectoras y la aplicación del SAP por parte de la judicatura
- Las redes de explotación de menores tuteladas que suceden al amparo de las instituciones, sino con su colaboración
Son solo algunos de los muchos casos donde el sistema judicial, en particular, se muestra feroz hacia las mujeres.
Sí se menciona, aunque de pasada “la incardinación de esas tendencias, organizaciones e instituciones con las redes de narcotráfico y explotación sexual”, para referirse a cómo operaba la connivencia entre las fuerzas de seguridad españolas, y los fascistas que habían encontrado refugio en España, en el marco de la “guerra sucia” de los 70.
Algo es algo.
Que el franquismo y el nacional catolicismo nos ha dejado un legado patriarcal es algo que las mujeres tenemos constantemente en la cabeza. Que los casos de corrupción casi siempre van acompañados de proxenetismo, también. Que la justicia además de represiva es patriarcal, también. Que necesitamos que los compañeros periodistas de izquierda visibilicen el impacto del sistema patriarcal cuando hablan de estado feroz, de régimen del 78, de lawfare… también.
Felizmente, en una de las entrevistas que dió Pablo Elorduy para hablar de su libro una vez publicado, mencionó el caso de los empresarios murcianos violadores de menores, y la impunidad del mismo, como parte de ese Estado Feroz. Habría estado mejor que dejase constancia en su libro de estos casos, que afectan directa o indirectamente, a las casi 25 millones de mujeres que vivimos en este país.
Más allá de nuestras ausencias, es un libro muy recomendable.
Marta Mateos Revuelta
Enero 2025