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feminismo, masculinidad e igualdad

//MOVIMIENTO FEMINISTA, MASCULINIDADES E INCLUSIÓN DE LOS HOMBRES: PRIMERAS REFLEXIONES

Uno de los principales debates que aparecen en el marco de las masculinidades y del movimiento de hombres por la igualdad es cómo ubicarlo en relación al movimiento feminista. Parte de este último es reacio a incluir trabajos y debates sobre los hombres: “ellos tienen que ocuparse de lo suyo, como hemos hecho nosotras”. Las compañeras se quejan, con razón, de que ellas ya se han ocupado de visibilizar la situación de las mujeres como subalternas y de montar una agenda política emancipatoria, asumiendo grandes sacrificios y costes personales. 

Estos sacrificios y costes que hemos asumido las mujeres, entre otros: que te acosen en las redes, que te señalen como la aguafiestas de turno, que tu pareja no pueda soportar tus gafas moradas y te deje, que te excluyan de espacios de poder y de toma de decisiones, que tengas serios conflictos con la familia, que tengas que gestionar lo que implica informarte continuamente sobre las terribles violencias que sufren las mujeres en el mundo… 

Las reticencias de las compañeras también están fundamentadas en el gran vacío que hay dentro del mundo del “aliado” feminista y de las nuevas masculinidades: hombres que buscan atención y audiencia para sus discursos y que se han dado cuenta del filón que supone el feminismo; hombres que se dan cuenta de que aun en espacios feministas se les sigue venerando como representantes del “poder”, y claro, se tiran a por ello; hombres que quieren hacerse un lavado de cara feminista pero que en ningún momento se han planteado el cambiar algo en su vida cotidiana; hombres que quieren arrimar cebolleta y se dan cuenta de que los espacios feministas están llenos de ¡mujeres!.

Y es que el hombre tiende a posicionarse como el epicentro de todo. 

Para evitar esta usurpación del aliado feminista, la activista Kelley Temple recomienda, que “los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les de espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen y hacerlo feminista”. 

Pero más allá de este válido consejo, y de las mencionadas usurpaciones, el debate de si asumir o no la tarea de la deconstrucción masculina como parte de la agenda feminista, se acompaña de otro paralelo:

¿Tiene sentido desarrollar acciones dirigidas a los hombres cuando ellos no las están reclamando, cuando el movimiento de los hombres por la igualdad es algo tan minoritario y marginal que no dispone de una masa crítica? 

La clave parece estar en cómo hacerlo, más que en si hacerlo o no.

Cierto es que, al igual que desearíamos que se formara un movimiento contundente de hombres por la igualdad que rechazasen el machismo, desearíamos también que los hombres tomaran iniciativa a la hora de reclamar que la masculinidad hay que desmontarla, en primer lugar, por el impacto desastroso que tiene en las vidas de las mujeres. Sin embargo, no parece que nada de esto vaya a suceder así. Es decir, parece ser más un anhelo utópico que un reflejo de la realidad sobre cómo se sostiene y perpetúa la jerarquía sexual en la que vivimos. 

Asimismo, que sigamos con indicadores de desigualdad en todos los ámbitos, que la brecha de conciencia de desigualdad se siga ampliando entre hombres y mujeres, y que el discurso antifeminista siga calando, no parece que deje mucho margen a seguir preguntándonos cómo conseguir que los hombres se hagan cargo, cuando lo perentorio es, precisamente, que se hagan cargo

El cómo hacerlo es, entonces, la gran cuestión. Cómo lograr otras masculinidades que sean igualitarias. Y a este respecto, propongo una serie de acciones que los hombres críticos con el orden social deberían emprender, para ir empezando:

Superar el sentimiento de agravio y la incomodidad
Ambos suelen aparecer cuando se habla de machismo. En esos casos, respirar profundamente, no ponerse a la defensiva, reflexionar, volver a respirar. Abandonar de una vez y por todas, el notallmen.

Adoptar un perfil bajo
La reflexión y la introspección requieren calma, silencio. Buscar espacios donde se hable de desigualdad y feminismo y, simplemente, escuchar activamente. 

Ser proactivo con los hombres: interpelar a otros hombres
Alzar la voz cuando otros hombres se comporten de forma machista o tengan comportamientos machistas.

Asumir los riesgos de esta interpelación
Estos incluyen: que se te queden relaciones de amistad por el camino, que te echen de un grupo de wasap o, incluso, sentirte solo por un tiempo. 

Ser proactivo con las mujeres
Preguntar a las mujeres de alrededor: “¿compañera, crees que tengo comportamientos machistas contigo o con alguna otra mujer? ¿Cómo crees que debería cambiarlos?” Tomar nota y ponerse manos a la obra.

No condenar las agresiones sexuales como si fueran algo ajeno y externo
Darse cuenta de que los pequeños actos de machismo cotidiano que todos los hombres reproducen, son, precisamente, los que allanan el camino a que las agresiones sexuales se produzcan. Es decir, ver la violencia machista como un continuo. Ver el iceberg. Hablar de ello. 

Comprometerse con el activismo “de las sombras”
No reducir las acciones pro-igualdad a aquellas públicas y discursivas que implican visibilidad, aplauso y reconocimiento. No convertir el manejo del discurso feminista en un privilegio para “sobresalir” sobre las mujeres y sobre el resto de hombres. 

No buscar réditos personales ni sexuales
Posicionarse públicamente como “aliado” no puede responder a intereses personales, ni a un intento de maximizar las oportunidades de encuentro sexual con mujeres. 

No hacer valoraciones sobre los debates internos del movimiento feminista
Y, mucho menos, hacerlo desde la condescendencia y la hostilidad. Comprender que al entrar en estas valoraciones, queda evidente que lo que se persigue es que se deje de hablar de patriarcado. Es decir, que se deje de hablar de lo que hacen los hombres.

Buscar relaciones estrechas con mujeres feministas
La mejor manera de promover la igualdad es tratar a las mujeres como iguales, escuchar lo que tienen que decir aunque resulte irritante en un principio, dialogar con ellas y darles espacio. Es decir, hacer amigas.

Marta Mateos Revuelta
Diciembre 2024